
¡Callate!, ¡Quieto!, ¡Portate bien!, ¡Asi no es!, ¡sientate bien!, dije que NO, ¡respeta!... hemos querido educar a nuestros niños y en nuestro afán por "formarlos" para que se comporten adecuadamente en una sociedad que califica, cuestiona, critica, aliena, discrimina a quien no se ajuste a sus patrones de comportamiento; les negamos la oportunidad de ser felices con ellos mismos.
Inhibimos la expresión de sus sentimientos matizados de cariño, agradecimiento pero también de rabia interna, rechazo y odio por no sentir un respeto hacia su persona y su estima.
Como adultos sentimos que los amamos, pero lo verdaderamente importante es que ELLOS, LOS NIÑOS Y NIÑAS SIENTAN ESE AMOR.
Creo que en ello, muchas veces hemos fallado, cuando trabajamos por darles lo mejor: comida, educación, vestuario, cierta recreación tecnológica, etc. pero no nos damos a ellos como personas, un padre o una madre que le acoge en sus brazos y lo sienta en su regazo para preguntarle como se siente, que lo hace feliz, que le enfada, que lo entristece, que espera de nosotros, que carece o que le hace falta, etc.
Un padre o una madre que por encima de las dificultades y las expectativas no alcanzadas en una institución educativa, el grupo social o las propias como progenitores, expresen el mismo y cálido afecto hacia su hijo e hija sin ningún menosprecio. . ."¡Tanto que trabajo para darte lo mejor y esas son las calificaciones que sacas!" ignorando los momentos de soledad por no contar contigo como padre y madre.
Crees acaso, que tu hijo e hija te quiere tan solo porque eres su madre o su padre y te esfuerzas por darle lo mejor? ¿Tiene tu hijo la obligación de quererte? En ello, hay mucho que cavilar; pues por encima del mandato biblico: HONRA A TU PADRE Y MADRE, también como progenitores debemos respetarles, cuidarles, no airarlos, valorarles. Ellos, los niños y niñas han sido víctimas de nuestros conflictos no resueltos aún sin embargo, les hacemos responsables de su inadecuado comportamiento.

Un dibujo expresa todo el sentimiento infantil, ese que se reprime pero al tiempo genera sentimientos depresivos en nuestros niños, que desean amarnos por encima de nuestros errores como padres y madres.
¿Podemos nosotros amarles de esa manera? Por encima de sus errores que simplemente son producto de su inexperiencia y deseos de vivir plenamente la vida.
¿A qué hemos llamado formación? A la represión de su espontáneidad, deleite y goce por vivir. Ese que con el paso de los años se pierde y nos convierte en adultos neuróticos y enfermos.
¿No te parece que debemos replantear muchas de nuestras acciones con nuestros niños y niñas? Un abrazo.
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