sábado, 24 de julio de 2010

CONFIAR

La confianza es uno de los primeros logros del desarrollo que supone debemos alcanzar los seres humanos según lo expuso Erik Erickson en su teoría psicosocial. Es ella, la que permitiría adecuadas relaciones interpersonales y la base fundamental de toda relación afectiva. El equilibrio justo de dar y recibir, la apertura y la protección.
Pero, ¿quien ha de confiar? si antes de nacer ya se conoce el rechazo y el desamor; en muchos casos, ¡se nace de milagro! cuando las famosas pastillas abortivas o los remedios caseros no lograron su objetivo.

¿Quien ha de confiar? si en vez de un tibio pecho me apartan a un lujoso corral y me brindan un tetero con leche artificial luego de tanto llorar y gemir para ignorantemente "fortalecer mis pulmones". ¿Quien ha de confiar? cuando no se conoce una mano sostenedora que me arrulle o me enseñe a caminar, ya todo esta artificialmente hecho (coches, caminadores, sillas mecedoras, etc.) pues la mujer ha necesitado salir de casa a laborar y al llegar el cansancio la derrumba. Lo mismo le pasa a papá, y la niñera que han contratado con suerte no me maltratará pero un afecto genuino no me dará.

¿Y si no logro confiar en mi madre, padre o sustituto significativo; como he de creer en los otros y hasta en mi? El vacío afectivo, los temores y la rabia de no sentirme amado de no ser reconocido provocaran inconscientemente en mi conductas, actitudes y formas de relacionarme bastante peculiares, neuróticas y hasta caóticas que progresivamente repercutirán en todas las áreas de la vida.

Sentir y /o recuperar la confianza es un camino díficil cuando lo transitado ha sido pedregoso y con espinas. No obstante, es posible orientado desde el autoconocimiento y el reconocimiento del dolor emocional.

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