domingo, 14 de marzo de 2010

NIDO DE AMOR: 8 parte. EL LLANTO DE UN BEBE

Si somos de piedra, no hagamos de ellos - los niños y niñas - tal cosa!

Mi menor hijo de 1 año estuvo enfermo por éstos días, a lo que acudí a un Centro de Salud donde experimenté molestia y una profunda tristeza al observar aún la incapacidad de algunos médicos pediatras de reconocer que más alla de una salud física hay una salud mental igual o mayormente importante que se gesta en nuestros pequeños infantes.

Ante el llanto de mi hijo, producto de un malestar físico, el osado profesional acuño que lloraba por mala crianza, que las madres - generalizó - somos alcahuetas, que la teta debía organizarse en un horario muy especial, que dejará al bebé solo en la camilla, que por eso eran tan dependientes y llorones !!!

Mi humanidad se desbordó y le sugerí que leyerá un par de libros, el llanto de un bebé JAMAS se debe ignorar y más en un ambiente que para él era desconocido y agresivo, por aquello del temor a la bata blanca y las inyecciones. Más allá de un malestar o dolor físico hay una ansiedad y petición emocional de ser protegido y sentir seguridad en los brazos de mamá.

Ese es mi mensaje en éste artículo, los bebés e infantes que aún no han adquirido el lenguaje, no tienen otra manera de expresarse sino mediante el llanto; los más grandecitos ya hacen gestos, señales y ademanes que entienden las madres o personas significativas que le han rodeado. Estos mensajes no deben JAMAS ser ignorados, bajo pretextos de "madurar al niño y que aprenda a ser grandecito".

La tecnología y el mercadeo en su necesidad de incrementar ventas y ganancias para las multinacionales cada día logran maternoindustrializar esta tarea tan natural, humana, profunda y trascendental.

  • Cambiamos la leche materna por leche de pote, cuando la primera tiene todo lo que nuestro bebé necesita, pero dudamos de ello, "es que tiene hambre" y causamos estragos en su pequeño sistema digestivo.
  • Compramos chupos y mamilas, acallamos su voz, la única forma de expresarse, no queremos escuchar a nuestro pequeño porque su llanto nos abruma y causamos frustraciones, ansiedades mayores que perjudican su salud emocional.
  • Compramos portabebés, coches, sillas para auto, etc. para trasportarlos con excusas como la seguridad, comodidad y la independencia. Dudamos de la importancia del regazo materno, la seguridad que éste brinda y el calor humano que proporcionará al infante una mejor y sana separación individuación.
  • Compramos caminadores, quizás ha disminuido tanto nuestra tolerancia y paciencia para guiarlos en el bello proceso de aprender a caminar. Siendo nuestra mano de padre y madre su sostenimiento, seguridad y confianza.
  • Compramos walkie-talkie para escuchar al bebé cuando lloré en su propia habitación, separándolo desde chiquitín para que maneje sus temores a la soledad, a la oscuridad, a los fantasmas... !Que tortura, que crueldad!
  • Compramos cds infantiles, ponemos un televisión a su lado para que disfrute viendo BabyFirtsTV, en vez de arrullarlos con nuestra voz y deleitarnos con su mirada fortaleciendo los vínculos tempranos tan necesarios para la salud mental.
  • Pagamos niñera, sala cunas, guarderías delegando tan grande responsabilidad a desconocidos y extraños. Como expresó Eulàlia Torres de Beá, Psiquiatra Infantil "la guardería es algo que necesita los padres, pero no lo que necesita un bebé", " es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción saludable para criar a un bebé".

Cuántas torpezas y cuánta tortura no sólo para el bebé sino para los progenitores, que luego de un par de años cargados de culpa, se tornan sobreprotectores y pretenden llenar vacíos abrumando a los niños y niñas con nintendo wii, ds, xbox, psp, playstation y cuanto juego virtual salga al mercado, sino es que los pequeños os sacan los ojos por ellos.

A la par, gestamos sin darnos cuenta, pero para el bien de la industria farmaceútica, todo tipo de neurosis, psicosis, trastornos de la atención, hiperactividad, conductas disociales, oposicionistas, desafiantes, antisociales, ludopatías, adicciones, etc.

Por ello, considero que es importante revisar nuestros roles de madre y padre, satisfacer las demandas tempranas expresadas en el llanto de nuestros bebés y darles la debida relevancia, acercarnos más a nuestros infantes, brindando el sostenimiento, confianza y seguridad necesaria en éstos tres primeros años de vida; fortaleciendo los vínculos en la edad temprana que abarca hasta los siete años; para así disminuir en gran manera dificultades de adaptación y de comportamiento y mejorar la salud mental.

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