martes, 6 de julio de 2010

¿ODIAS LO QUE AMAS?

He aprendido en la linea del tiempo que el amor y el odio, la alegría y la tristeza, la aceptación y el rechazo, la saciedad y el hambre, el placer y el dolor, la vida y la muerte, por ejemplo; son parte inherente de la vida misma y negarlo no hace que desaparezcan o se tornen con facilidad hacia lo contrario.

Se dificulta mucho hablar de lo que nos han enseñado "avergüenza" o es "pecaminoso" o " no se debiera sentir" porque es "malo". Pero es precisamente de ello que hay que hablar, para que fluya con facilidad el sentimiento y se desate el duro nudo del conflicto que muchas veces paraliza, hiela, enferma, nos hace infelices y de una u otra manera convierte nuestras relaciones en tormentos ambivalentes y desorganizados.

Ese nudo que muy probablemente está congelado en el pasado, en nuestra relación con mamá, papá o persona más significativa; que se recrea con nuevas vinculaciones y esas con otras y otras..., hasta perpetuarse desafortunadamente en la crianza de nuestra descendencia. Frustraciones que nos vuelven intolerantes, ciegos de nuestras emociones, impulsivos en nuestras conductas, marionetas de nuestros vacíos y dolores.

Es urgente una nueva forma de amar y educar, pero ésto no es posible, si negamos nuestra historia y nuestros sentimientos. Es el primer paso.

Expresar coherente y conscientemente nuestros sentimientos: Sentir rabia, odio, frustración, rechazo por un ser querido parece ser inadmisible para nuestra consciencia. ¡me castigaría dios! ¡no debo sentir eso! ¿cómo he de odiar a mi madre o a mi padre? ¿cómo he de odiar a mi hijo /hija? Este sentimiento es fuertemente reprimido y transformado forzosamente por lo contrario. La culpa que genera éste sentimiento se convierte en sobreprotección y complacencia exagerada, pero como un dique de contención no asegura definitivamente nuestras relaciones del embate fuerte de la agresividad e ira reprimida.

Al ser padres y madres (con nudos previamente adquiridos - neurosis establecidas- casi siempre inconscientes) enfrentamos día a día a situaciones que causan irritabilidad y molestia pero el manejo dado a ello muestran el caudal interno.

Te has preguntado ¿cuántas veces al día te enojas o sientes rabia con tu hijo/a? Situaciones como el llanto incontenible, la oposición y la transgresión de los limites, algunas provocaciones que p a r e c e n conscientes por parte de los pequeños movilizan en muchos progenitores rabia, desconcierto, culpa que desafortunadamente no siempre se expresa sin maltratar, herir, dañar y marcar la vida de los infantes.

Nadie dice que dejes de sentir. Es sano sentirlo con libertad, sin culpa ni miedo y expresarlo de esa manera: "Estoy molesto", "estoy triste", "estoy enojada" , "siento rabia", "no me gusta", ... de esa manera el otro no será dañado ni atacado en su estima y podrá ver en la conducta, la acción que perturba o molesta la convivencia. Siendo así, el enojo o rabia no es con tu hijo/a sino hacia la conducta o actitud demostrada por el chico.

Cuando se magnifican éstas situaciones con violencia y maltrato, la historia personal y el inconsciente tienen un papel fundamental en el conflicto vivido que matiza fuertemente cualquier relación. Esta debe abrirse paso en la consciencia si se quiere avanzar en una nueva forma de amar y educar; de lo contrario, se mezclan sin remedio conductas, actitudes y personas.

Liberar y reconocer sin culpa ni autocastigo, el sentimiento reprimido de dolor y frustración genera una nueva oportunidad de curación, en aquellos que en el caso de rabia u odio a sus progenitores también sientan la pesada carga de una historia. No se obliga a amar, ésto podría fluir como el perdón luego que se desata el nudo; lejos de imposiciones y dogmas.

Aún para los cristianos, seguidores de una fe y no de religiones, entender que Dios es un Dios de amor, de aceptación y perdón es esencial para la comprensión de ésta entrada.

El amor y el perdón entonces, fluye dinámica y libremente en una relación personal con el Creador en donde la expresión de éstos sentimientos conduce como dicen las Escrituras a la sanidad. (Romanos 10:10) La llamada "doble moral", la apariencia de una vida cristiana o una religiosidad llena de penitencias, sacrificios, expiaciones no es compatible con la espiritualidad, ni proporciona sanidad ni libertad desde mi humilde punto de vista.

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