martes, 18 de octubre de 2011

SOBRE: No arrojes perlas a los cerdos...

He querido cavilar sobre ésta frase mencionada en principio por el Evangelio de San Mateo y que ha sido transformada en varias expresiones para significar +/-  "no des a otro lo que no sabría apreciar o valorar".

También he encontrado una reflexión opuesta en el blog Escucha el Sonido del Silencio que menciona a Jorge Luis Borges exponiendo: "Dale aquello que es sagrado a los perros. Arroja las perlas a los cerdos, porque lo que importa es dar"   

No niego que me estremeció y que encuentro en la meditación relacionada un profundo significado del compartir y sus beneficios. He allí el punto: COMPARTIR, NO SOLO DAR. Pues COMPARTIR, ES DAR Y RECIBIR.

En tal punto, la meditación hecha allí levanta un muro de incomprensión en mi que provoca que cavile y comparta ahora con ustedes.

Una perla es el producto de una reacción de enquistamiento de una partícula extraña dentro del cuerpo blando de los moluscos. . . . . que luego de un proceso y un periodo termina convirtiendo a la partícula en una valiosa gema o piedra preciosa.

Quisiera dirigir la cavilación refiriendo las palabras resaltadas:

Cuerpo blando:  Todos hemos sido niños / niñas dispuestos al disfrute del otro, a la corporalidad, al amor. 

Niños y niñas que aparentemente inmaduros tenemos la sabiduría de lo natural que nos mueve sobre mamá a buscar su pecho y su sostén. Y que en tal relación dependiente aún somos y damos respuestas de gratificación que fomentan un vínculo con el otro.  

Hemos nacido con ese cuerpo físico y psíquico tierno, de olor delicado y de piel suave; que espera ser tratado con la buena manera para progresiva y fluidamente afianzar la sana vinculación del recibir y darse sin imposiciones ni reglas.

Primero con mamá, con papá, con hermanos, amigos, amigas, novio, pareja....

Reacción + partícula extraña + reacción:  Pero desafortunadamente la vida no fluye tan ligera y amorosamente. Yacen partículas extrañas en el corazón de la madre, en el corazón del adulto (padre u otros significativos) que rodean al niño y la niña, y que emergen en su cuerpo blando con palabras, acciones , omisiones, actitudes, afectos, desafectos...

Las reacciones fluyen entonces defensivas y/o adaptativas buscando la sobrevivencia de ese cuerpo blando y protegiendose una y otra vez de cada partícula que se enquista se adentra en el niño, la niña, el pre adolescente, el adolescente, el hombre o la mujer.

No todas esas "partículas" enquistadas en la mente y el corazón son recubiertas, procesadas y transformadas en perlas. 

De hecho considero por el contrario, que el cuerpo blando es el que absorbe tanta palabra, acción, omisión, actitud hasta endurecerse como la concha del molusco sin producir NADA, solo PROTEGERSE, enfermado día a día,  perdiendo la vitalidad y la fuerza  para el disfrute de la vida misma y las relaciones.


Renacer de las cenizas

Aún asi, siempre cuando esa fuerza (condición genética +) y recursos precisen dentro de nosotros (factores resilientes +) . Renace la fuerza si encontramos la palabra, la compañia, el evento que provoca que tales partículas emergan como perlas valiosas en nuestro corazón despierto, valiente y consciente.

¿Recuerdan la historia del Pelirrojo de Cyrulnik que les compartí hace un tiempo?   Valdría la pena recordarla nuevamente.

Es un proceso y un periodo, que a unos o a otros y a pocos se brinda para madurar y vivir la vida que queda.

Sin el optimismo fantasioso  o la ilusión del perdón religioso que absurdamente te dice "no ha pasado nada, perdona, sigue adelante y ama" en un mundo de desamor y de exclusión.

Mas bien realista, consciente de la importancia del cuidado, del afecto y del vinculo (dar y recibir);  se precia la persona de amarse y valorarse, rodeando bien su persona.

¿Por qué entonces ha de regalarse la perla con premura? 

No hay narcisismo patológico en asumir la valía y no darse/ arrojarse  como la frase que nos trajo a esta cavilación: ...a los cerdos. Que al parecer carecen de elementos  para aquilatar el proceso y el resultado del mismo; o por su mismo cuerpo ya endurecido - antes blando - no disfrutan ni valoran el contacto.



No arrojes perlas a los cerdos...



La intención no es darse compulsivamente



sino compartirse desde la serenidad



que da la valía y la consciencia. 
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