lunes, 3 de enero de 2011

MALTRATO COMO SI NADA...

Inicié el nuevo año tranquila pero ocupada en la atención de mi menor infante quien tuvo dolor abdominal y un cuadro de diarrea producto de una bacteria ya eliminada gracias a la atención oportuna de un profesional de la salud.

Sin embargo, nunca es grato estar en la sala de espera de una Clínica de Pediatría; máxime cuando mi consciencia me permite ver y escuchar las barbaridades que hacemos o decimos los progenitores.

Dos escenas son las protagonistas de ésta cavilación.

La primera: Un menor de 10 años yacía solo reclinado en una silla de la sala de espera con su camiseta llena de sangre, ello llamó inmediatamente mi atención.

-¿qué te paso pequeño?... Su mirada triste alzo hacia mi y rápidamente bajo su cabeza dejando ver sentimientos de dolor, soledad, y desamparo.

A unos 8 pasos retumbo instantáneamente la voz de un hombre que se identifico como su padre.

- ¡Ya iba a buscarle con la correa, cuando lo encontré estrellado y reventado. ¡Por no obedecer! ¡Eso le pasa! ¡Ojala aprenda la lección!

Huraño e inafectivo. Mofando su gran sabiduría y experiencia de vida .

Mientrás un pequeño de 10 años accidentado estaba allí... realmente no sabía cual era su mayor dolor ¿su herida sangrante en la quijada? o ¿el desamparo y desafecto de su "cuidador"?

La segunda: el ingreso de una madre con su pequeño a la sala de espera roba mi mirada y aprieta mi corazón.

Un chico de 2 años que se supone enfermo es arrastrado por su madre quien lo toma de la mano hacia el estar de la recepcionista. Su voz fuerte exclamaba:

- Vamos a las buenas o a las malas, pero vamos!!

Recordé aquel video que circuló en todo el mundo donde vimos a una madre que ata a un niño como perro y lo arrastra en una tienda!

A mi alrededor algunos adultos asentían frases de cesta de basura; a favor de los adultos.

-Ah, es que estos niños de ahora no obedecen!

- son unos pequeños villanos, por eso hay que educarlos con mano dura!

-Si no se les detiene de pequeños serán unos delincuentes cuando grandes!

Que crueles y ciegos somos ante el dolor físico y emocional de los infantes! El maltrato pasa ya como si nada frente a nuestras narices y nos parece tan normal y adecuado!!!!

Mientrás todo ésto ocurria a mi alrededor, suave y afectivamente acompañe unos minutos al chiquillo ensangrentado. Una sonrisa al final fue su despedida para seguir con su cuidador hacia el bus de su propia - y al parecer penosa - vida.

DESPERTEMOS!

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