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martes, 18 de mayo de 2010

YO LA CUIDO, YO LA AYUDO... ES QUE NO SABE..

El discurso de una madre(¿algunas o muchas?):
"...siempre de pequeñita era la más debilucha, se caía cada rato, por ello demoró en caminar además le daba pereza y yo la cargaba largos pasos para que pudiera ir al colegio... y si de jugar se trataba, ni sus amigos ni sus hermanos le ayudaban a recoger los juguetes y mi nena chiquitica pobrecita, por eso yo le ayudaba... Las tareas eran muchas, ni tiempo le quedaba y yo rapidito algunas lineas le trazaba, no pudo tender su cama, además ama de casa yo no deseaba que fuera, por eso no la obligaba a hacer nada ... los profesores se la tenían montada, ella quería y hacía pero ellos no la valoraban, por eso no estudió dos años pero bueno no importaba. A los 21 se graduó de bachiller y a la universidad se fue, pero pobrecita me mudé a la capital porque no se podía atender, y ¿como iba a ser doctora si no le ayudaba en su quehacer?. A la verdad, era tan inocente que un muchacho la embarazó, y me toco ayudarla, un nieto lindo me regaló; ahora vivimos los tres, mi hija, mi nieto y yo, ella no es doctora y al nieto cuido yo. . ."
La sobreprotección, una mezcla de culpa y temor. Y son los infantes los que se limitan y se maltratan con esa forma de relación, que algunas madres y padres osan llamar amor. Luego de adultos esos hijos inhabilitados y castrados, ya vinculados en un chantaje inconsciente no saben vivir. A mi alrededor muchas historias, ¿conoces alguna?

domingo, 2 de mayo de 2010

LA CULPA Y SUS MASCARAS

Relacionada al siguiente comentario: "...es completamente imposible que, en cualquier aspecto de la vida de un menor de 10 años, no esté involucrada su familia. No puede ser de otra manera. Aunque los padres suelen ser muy inconscientes de sus errores, ello no impide su autoría y responsabilidad al respecto. De hecho su enorme "preocupación" por la salud de los hijos suele ser una defensa inconsciente contra su muy intimo y doloroso sentimiento de culpa. Es muy natural. Porque de algún modo su corazón intuye que en algo, contra todos sus esfuerzos y buena voluntad, se han "equivocado". Nadie es perfecto. Todos somos neuróticos. Por eso debemos admitirlo y comenzar entendiéndonos, en primer lugar a nosotros mismos..." JLC. Comparto una historia de vida que ilustra algunas máscaras de la culpa y la urgente necesidad de ver más allá, o mejor, más acá.. muy dentro de nosotros mismos para entender el comportamiento infantil, lejos de aparentes psicopatologías:

"...Carolina presa de sus necesidades neuróticas de amor, no distinguía entre éste, la dependencia, el temor a la soledad y los reflejos de su baja autoestima. Por ello, con facilidad se involucró con un hombre que lejos de conocer tan preciado sentimiento, le utilizaba y maltrataba en gran manera. Ciega en su caminar, día a día se vinculaba patologícamente con él. Pero era ineludible la separación y en medio de un final tormentoso de burla y desprecio, en su vientre germinaba una semilla que luego en su soledad y depresión fue descubierta.

El latido del pequeño corazón cada día era más fuerte, pero Carolina se negaba a escucharlo. El dolor del abandono y su autoestima atropellada aprisionaban su corazón. Aún así, rodeada de buenos afectos despertaba cada mañana y un día sigilosa descubrió un ser indefenso que chupaba su dedo dentro su vientre; y un "nuevo amor" renació.
El pequeño Job batalló en el interior de su madre y por encima de complicaciones gestacionales nació, enfermo y debilitado internado en la Clínica quedó y Carolina llena de remordimiento y culpa lloraba en esa situación pero apoyada y acompañada de familiares y sanos afectos logró afrontarla. Al nacer, cuidados y atenciones rodeaban al pequeño, Carolina extremadamente sobreprotectora transformó su culpa en atenciones y compraba en cantidad todo lo que el bebé necesitaba. El niño crecía solo con su madre, quien laboraba y lo dejaba al cuidado de una niñera. Cuando compartía con el pequeño en su conducta de madre se veían las ambivalencias de su amor.
Job se mostraba caprichoso y demandante, hacia continuas pataletas; su madre llevada por sus impulsos, sentimientos inconscientes e ignorancia frente a qué hacer, reaccionaba agresivamente para castigarlo; y luego, llena de culpa le manifestaba su afecto y compraba todo lo que el menor pedía. En ocasiones, verbalizaba "¡Job no seas como tu padre!" mezclando sus sentimientos ambivalentes de madre y mujer. El niño crecía sin claros límites, inquieto, impulsivo y en ocasiones agresivo.
Al ingresar a estudiar, las relaciones que el niño establecía no eran las mejores, no tardo entonces, en llevarlo a psicólogos, terapistas que ayudaran al pequeño Job a cambiar. En el colegio como en casa, Job no dejaba de llamar la atención y ya tiene 6 años; ahora Job iría donde el Psiquiatra, sus conductas inquietas, desatentas, impulsivas no dejaron otra opción: JOB TIENE TDAH.
Esta historia que obviamente tiene mayores matices y que no puede generalizarse de ninguna manera, simplemente pretende movilizar cavilaciones al respecto del comentario realizado por el lector de este blog.
¿Y tú que opinas?