jueves, 16 de septiembre de 2010

NIDO DE AMOR. Artículo 12. ¿Trabajar o quedarse en casa?

Reciban un saludo CAVILANTES. Hoy reanudo los artículos de NIDO DE AMOR con ese dilema que tienen algunas mujeres cuando son madres: ¿trabajo o me quedo en casa?

Trabajar y ocuparse es una delicia para quienes cuentan con la suerte de hacer lo que les gusta, y que además le paguen bien por ello! Son pocas las personas que encuentran tal gratificación bien sea por la ocupación en si, como en el salario; bastante desmejorado por cierto en nuestros países.

Cuando somos madres, la mujer trabajadora se enfrenta a la entrecrucijada y ansiedad que genera dejar al bebé luego de los 84 días de Licencia por maternidad para ir a laborar, máxime cuando no encontramos la persona "de confianza" que nos ayude a remplazar la irremplazable labor de mamás.

Inicia el corre corre: dejarlo tempranito tratando de tener todo listo para su cuidado diario, organizar el trabajo para lograr aprovechar los 30 minutos en la jornada laboral de la mañana y 30 minutos en la jornada laboral de la tarde para amamantar al bebé, dejar teteros de leche materna listos para el resto del día (esa extracción incómoda y para algunas dolorosa), preocuparnos y llamar constantemente a casa para verificar si el bebé esta bien; creo que no se trabaja bien pues toda nuestra atención esta en casa: ¿lo atenderán bien? ¿ya comería? ¿le sacaron los gases? ... en fin. ¡que tensión!

Y aunque la pareja o el padre del bebe esté al pendiente, no dejamos de preocuparnos. Y si somos madres solteras, la ansiedad será mayor para algunas mujeres. Muchas no tienen opción alguna, les toca trabajar o trabajar, y ambos - madre e hijo - adaptarse a la situación compensando los momentos de separación nutriendo los pocos que durante el día puedan compartir. Para éstas mujeres mi admiración por su esfuerzo, tesón y esmero, aunque no logren compensar esos vacíos.

La lactancia, el vínculo y apego seguro que brinda seguridad, confianza y posibilita la estructura de una emocionalidad sana en el bebé cobrará luego su primera factura cuando elegimos o nos toca obligatoriamente trabajar.

Sin embargo, el sistema en el que vivimos no brinda las garantías necesarias para que las mujeres madres se dediquen a sus recién nacidos e infantes el tiempo mínimo necesario ( TRES AÑOS) para lograr en ellos la estabilidad afectiva necesaria para el curso sano y natural de su bienestar. Otras mujeres teniendo la posibilidad económica de compartir este tiempo con sus pequeños, son guiadas por el egocentrismo y el narcisismo que aporta tener un good will laboral o profesional y desestiman la labor maternal.

¡Toda una profesional y quedarse en casa haciendo oficios caseros y cambiando pañales - que horror! y si el salario, no alcanza para pagar una empleada doméstica preferiblemente pagar una guardería piensan algunas; olvidando que la guardería es algo que necesitan los padres pero no lo que necesita un bebé, es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción saludable para criar a un bebé.

En fin, que gran dilema. Yo lo viví con mi primer hijo - el gran David - y debo confesar que aunque estuve mayor tiempo con mi segunda hija - Laura -, ese egocentrismo y narcisismo me hizo separarme de ella un poco antes del año para laborar. Y la confesión más terrible viene ahora: una reconstrucción de mi rodilla derecha luego del tercer mes de vida de mi relindín Santiago, me ha brindado toda la posibilidad de estar en casa ya luego de 22 meses de vida y aunque inicialmente me sentí terrible por no laborar y ser la mujer independiente, profesional y todo esa vanagloria del egocentrismo inconsciente y consciente. Hoy agradezco a ese accidente el permitirme haber vivido con mi bebé todo ésto que HOY PREDICO Y APLICO sobre lo importante de la Lactancia y si es prolongada mejor, de compartir y vincularse con el mundo de nuestros pequeños, comprender todos sus lenguajes, disfrutar su crecimiento, sus pilatunas, aprender con ellos a ser mamá.

No es fácil para quienes decidimos u obligadamente nos quedamos en casa asumir ese rol, más aún cuando los oficios caseros son tan rutinarios y no gratificados economicamente. Yo disfruto cocinar pero detesto lavar loza, por ejemplo. Sin embargo, puedo decir que en algunos momentos ha sido una buena terapia. Y la gratificación que da el compartir, dar, ofrecer y disfrutar todos los momentos con los hijos y la pareja es maravilloso si se pueden lograr acuerdos que permitan sentirse una igual de valiosa, talentosa, capaz como mujer, madre y ama de casa; de seguro la profesional amante de su ocupación / vocación en mi caso, la Psicología no se quedará dormida ni se desperdiciará, mirad como nació CAVILACIONES! y con el blog la gratificación de compartir con todos ustedes y dar un poco de mi.

Esta ha sido mi experiencia, no todas tenemos esta oportunidad pero de seguro si la tienes, no caviles tanto frente a este dilema: ¿trabajo o me quedo en casa? Posibilita la bendición de estar con tus hijos en sus primeros años , el tiempo pasa rápido y de seguro volverás a laborar en lo que te gusta.

Hablar con la pareja y llegar a acuerdos es fundamental. Si lo deciden y lo puedes vivir. A DISFRUTARLO AL MÁXIMO. Y si debes trabajar, de seguro seguirás valiente y esforzadamente compensando sin culpas el tiempo en que la distancia te separa de tu pequeño, siempre buscando su bienestar y el tuyo al máximo.

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